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Multimedia
DVD
The
Giallo Collection
por
Francesco Troiano
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Solamente
"giallo"
En
Italia, entre los últimos años 60 y la mitad de la década
siguiente, el declinante filón cinematográfico del western
fue sustituyéndose rápidamente por el "giallo"
(término que alude al color de la serie homónima de libros
Mondadori comenzada en 1929). Los primeros indicios de esta
tendencia se encuentran en algunos títulos del genial Mario
Bava, desde "La muchacha que sabía demasiado"
(1962) hasta "Seis mujeres para el asesino"
(1964), éste ya poblado de todos los elementos (el asesino
vestido de negro e irreconocible, la pasmosa ferocidad de
los numerosos crímenes, el sobrecogedor desenlace
narrativo) que luego constituirían la estructura del género.
Pero fue "El pájaro de las plumas de cristal"
(1970), opera prima del joven director romano Dario Argento,
la que convertiría los itálicos terrores en una verdadera
moda. En pocos años apareció un formidable número de películas,
muchas de las cuales se convertirían en objetos de culto
incluso fuera del país.
De siempre atenta a este fenómeno, la casa estadounidense
Anchor Bay acaba de presentar una colección de cuatro DVD
que hará las delicias de los apasionados: "The
Giallo Collection" incluye películas que desde
hace tiempo no se encontraban en el mercado, en espléndidas
versiones respetuosas del formato original y enriquecidas
con sabrosos aditamentos.
Se trata de "The Bloodstained Shadow"
("Solamente nero", 1978) de Antonio Bido; "The
Case of the Bloody Iris" ("Perché quelle
strane gocce di sangue sul corpo di Jennifer?", 1972)
de Anthony Ascot -alias de Giuliano Carnimeo-; "Short
Night of the Glass Dolls" ("La corta notte
delle bambole di vetro", 1971)
y "Who saw her die?" ("¿Quién
la ha visto morir?", 1972) de Aldo Lado.
En su época consideradas excesivas y guiñolescas, hoy en día
demuestran ser mecanismos de terror de compuesto clasicismo:
las historias, ambientadas en angostillos venecianos o en
las calles de una sombría Praga, en un rascacielos
hipermoderno o en pequeñas casas de provincia, provocan
sustos sin ayuda de efectos especiales o trucos sofisticados.
Por el contrario, apelan a temores e incertidumbres antiguos:
una habitación donde la luz se apaga de repente, el lado
oscuro de una persona amada, la locura que se anida donde
uno menos la espera. Y resultan, gracias a ello, tan
eficaces como universales.
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