Biografias
Biografía de Lucio Fontana
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A cargo de la Fundación Lucio Fontana
"Las ideas no se rechazan, germinan en la sociedad y, luego, los pensadores y los artistas las expresan"
(del "Manifiesto Blanco", Buenos Aires, 1946)

Lucio Fontana nace en Argentina, en la ciudad de Rosario de Santa Fe, el 19 de febrero de 1899. Su padre, Luís, es un italiano que vive en Argentina desde hace diez años y se dedica a la escultura; la madre, Lucia Bottino, también es de orígenes italianos y es actriz de teatro. A los seis años, va a Milán con su padre para asistir a la escuela. En 1910 empieza su aprendizaje artístico en el taller de su padre. Luego, se inscribe en una escuela para maestros de obras pero la deja para enrolarse como voluntario en la primera guerra mundial. Es herido y lo licencian con una medalla de plata al valor militar; reemprende los estudios y se diploma. En 1921, vuelve a Argentina, a Rosario de Santa Fe, y empieza su actividad de escultor en el taller de su padre. Más tarde, decide abrir su propio estudio en Rosario. Entre 1925 y 1927 gana algunos concursos y, entre otras obras, realiza el monumento en memoria de Juana Blanco.
En 1928 regresa a Milán para inscribirse, como alumno de Adolf Wildt, en el I curso de la Academia de Brera: al terminar el año, pasa directamente al IV curso. Mientras, participa en exposiciones y concursos en Italia, España y Argentina. En 1930 conoce a Teresita Rasini que, más tarde, se convierte en su mujer. Oscilando entre lo figurativo y lo abstracto, su escultura, tanto de terracota como de yeso, con o sin color, se vuelve cada vez más libre y personal. Durante aquellos años, muy importantes para su investigación artística, empieza a obtener el reconocimiento de los mayores críticos (de Argan a Belli pasando por Persico y Morosini) y participa en la Trienal de Milán, la Bienal de Venecia y la Cuadrienal de Roma; expone varias veces en la Galleria del Milione, empieza la actividad de ceramista en Albisola y, en 1937, la continúa en la Manufactura de Sèvres, donde realiza algunas esculturas de pequeño formato, que expone y vende en París. En este periodo, intensifica la colaboración con los arquitectos más a la vanguardia. A principios de 1940 parte para Buenos Aires, ciudad en la cual se establece, trabaja intensamente y gana varios concursos de escultura. Profesor de modelado en la Escuela de Bellas Artes, en 1946 funda, junto a otros artistas, una escuela de arte privada: la Academia de Altamira que se convierte en un importante centro de promoción cultural. Precisamente en dicha Academia, en contacto con jóvenes artistas e intelectuales, elabora las teorías de investigación artística que lo llevan a redactar el "Manifiesto Blanco".
Tras volver a Milán en abril de 1947, Fontana funda el "Movimiento espacial" y, con otros artistas e intelectuales, publica el "Primer Manifiesto del Espacialismo". Reemprende la actividad de ceramista en Albisola y la colaboración con los arquitectos. El año siguiente se publica el "Segundo manifiesto del Espacialismo". En 1949 expone en la Galleria del Naviglio "L'ambiente spaziale a luce nera" que suscita un gran entusiasmo y, simultáneamente, despierta mucha atención. En el mismo año, y gracias, quizás, a sus orígenes de escultor, realiza sus primeros cuadros con las telas perforadas que, sin duda alguna, representan su creación más original en el camino que lo lleva a buscar una tercera dimensión en el arte. En 1950 se publica el "Tercer manifiesto del Espacialismo". Propuesta para un reglamento". En 1951, participa en la IX Trienal y es el primer artista que usa una luz de neón como forma de arte; en el mismo año, lee su "Manifiesto técnico del Espacialismo". Luego, participa en el concurso para la "Quinta Puerta de la catedral de Milán" , que gana ex-aequo con Minguzzi en 1952. En el mismo año, firma, junto a otros artistas, el "Manifiesto del Movimiento Espacial para la Televisión", y expone de forma completa sus obras espaciales en la Galleria del Naviglio de Milán. De nuevo, Fontana provoca entusiasmo y sorpresa. El artista, además de agujerar las telas, las pinta y les aplicar colores, tintas, pasteles, collages, lentejuelas y fragmentos de vidrio. Sus obras empiezan a ser famosas y apreciadas también en el extranjero. En 1957, en una serie de obras en papel de tela, además de las perforaciones y los grafitis, aparecen, apenas insinuados, los cortes que caracterizarán su obra en el año siguiente: desde las telas con varios cortes coloreadas a velado hasta las telas monocromas llamadas "Concepto espacial", "Espera". Las exposiciones y la participación en manifestaciones internacionales se intensifican: los museos, las galerías y los coleccionistas más sensibles compran sus obras. Fontana, hombre de gran generosidad, dispuesto siempre a ayudar a los jóvenes artistas, incluso cuando todavía no cuenta con medios para hacerlo, los anima, les compra sus obras y les regala las suyas, a pesar de saber que, en la mayoría de los casos, se venderán de inmediato. En aquellos años, Fontana realiza, además de esculturas de hierro sobre una pata, una serie de obras de terracota, conocidas como "Naturalezas": son una especie de esferas en las cuales interviene con amplios desgarros o heridas de corte; también continúa efectuando trabajos de cerámica de gran y pequeño formato y sigue colaborando con los más importantes arquitectos en trabajos de "environnement", llamados "Ambiente espacial", en los cuales emplea la luz como un elemento innovador, con una técnica utilizada posteriormente por otros artistas. En los años 60, Fontana se dedica a realizar una serie de pinturas ovales, al óleo, todas con el mismo formato, monocromas y con un sinfín de agujeros, desgarros, a veces cubiertos de lentejuelas, que llama "Fin de Dios". El mismo tema se encuentra en 1967 en una serie de elipses de madera laqueada con colores llamativos, piezas únicas realizadas a partir de proyectos suyos. Entre 1964 y 1966 inventa los "Teatritos": marcos de madera perfilada y laqueada que contienen telas monocromas perforadas. Sin embargo, no abandona los "cortes", a los cuales es fiel hasta el final, y, en 1966, por su sala blanca, con telas blancas marcadas por un único corte vertical, el jurado internacional de la XXXIII Bienal de Venecia le asigna el primer premio de pintura. Deja Milán y se traslada a Comabbio, pueblo de origen de su familia de la cual restaura su casa de campo, donde muere el 7 de setiembre de 1968. La presencia de obras de Fontana en las colecciones permanentes de más de cien museos de todo el mundo confirma la importancia de su obra artística.