Arte
Giorgione
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Información
Castelfranco Veneto (Treviso), Museo Casa Giorgione y Duomo
desde el 12 de diciembre de 2009 hasta el 11 de abril de 2010
Horario: todos los días 9,00 - 19,00
Cerrado a partir de las 14,00 horas del 24 de diciembre hasta las 14,00 horas del 25 de diciembre; desde las 14,00 horas del 31 de diciembre hasta las 14,00 horas del 1 de enero de 2010
Entradas: normal 10 euros; reducida 7 euros
La entrada incluye la visita al Museo Casa Giorgione y al Duomo para el "Retablo de Castelfranco" con el mismo horario y entrada particular
Información y reservas: tfno. 800 90 44 47 (+39 049 20 100 76)
De los artistas más importantes del Renacimiento, Giorgione es el más difícil de conocer, ya no por la dificultad que encierra la naturaleza de este genio, huidizo por definición, sino por motivos mucho más concretos: su biografía es incierta y su catálogo, además de ser exiguo, no es en absoluto autógrafo. De hecho las dudas que se ciernen sobre la figura de Giorgione son absolutas y empiezan por el propio nombre. En el siglo XVI, al pintor véneto - Zorzi, o tal vez Zorzo - se le indica siempre mediante su lugar de origen, "de Castelfranco", o bien, como ocurre en un inventario de 1528, como "Zorzon". Vasari se adueñó de este apodo que encajaba perfectamente con el mito giorgionesco que iba construyendo y al pintor se le inscribió en el Registro Civil de la historia del arte como Giorgione. Sobre el nombre de familia tampoco hay garantía alguna, pues la tradición, que se remonta al biógrafo Vasari, sostiene que los orígenes del genio de Giorgione son extremadamente humildes: fue un hombre de provincia que se hizo a sí mismo, supo conquistar el reconocimiento del público veneciano gracias a su amabilidad, a sus numerosos talentos (era grande y de buen ver, tocaba el laúd y cantaba maravillosamente) y a su cultura. Otros han vinculado su nombre con el de los Barbarella, una familia muy importante de Castelfranco, en cuya casa el pintor dejó el largo monocromo del "Friso de las Artes Liberales", que con sus signos astronómicos y esotéricos tuvo un papel muy relevante en su leyenda de artista enigmático. La fecha de su muerte, que se produjo a consecuencia de la peste a finales de septiembre de 1510, es un dato seguro, ya que se menciona en el intercambio de cartas entre Isabella d'Este y un emisario suyo que se encontraba en la laguna. Sin embargo la fecha de su nacimiento no es segura, pues en ambas ediciones de "Vidas" (1550 y 1568) el propio Vasari duda entre 1477 y 1478. Por tanto, si no fuera por esos pocos documentos de la época - la inscripción en la parte posterior del retrato de "Laura" (que ahora se encuentra en el Kunsthistorisches de Viena) donde en 1506 se le declara "cholega" del pintor belliniano Vincenzo Catena; los pagos de 1507-1508 por un cuadro de grandes dimensiones pintado para el Palacio Ducal de Venecia; la demanda de 1508 que el artista interpuso por no haber cobrado el trabajo de los frescos del Fondaco dei Tedeschi, y unas cartas entre Isabella d'Este y Taddeo Albano, su agente en Venecia, donde se mencionan dos nocturnos del pintor, por lo que se puede fechar su muerte precoz en otoño de 1510 - Giorgione podría perfectamente no haber existido nunca. Si la biografía de Giorgione está envuelta en la niebla, lo único seguro sobre su catálogo (cuya amplitud varía, según los expertos, entre las veinte y las cuarenta obras) es la absoluta falta de datos seguros, ya que el pintor véneto no nos ha dejado ni un solo cuadro firmado o fechado y ni un solo documento firmado de su puño y letra. Confiar en Vasari para este aspecto no lleva muy lejos. El historiador de Arezzo reconocía en Giorgione a uno de los protagonistas de la manera moderna, y le atribuía, (después de Leonardo), la capacidad de "falsificar la naturaleza" y de infundir suavidad a los personajes de sus cuadros, hasta tal punto que éstos "se mueven y se despegan de la tabla". Sin embargo, cuando tenía que hablar de la producción de Giorgione, era vago y confuso, pues en las distintas ediciones de "Vidas", a veces la atribuía al pintor de Castelfranco y otras veces, a otros maestros. Alguna información segura nos la ofrece "Notizie d'opere del disegno", de Marcantonio Michiel. En la lista de obras que el joven patricio, coleccionista y amante de las Bellas Artes vio en las colecciones vénetas entre 1525 y 1543, mencionaba unas diez obras de Giorgione (entre ellas las famosísimas "Tormenta" y "Tres filósofos"), pero de éstas sólo la mitad han sido identificadas con toda seguridad como obras suyas. Este contraste estridente entre la calidad extraordinaria de las obras de Giorgione, así como la altísima opinión que le merecían sus contemporáneos (Baldassar Castiglione, en el "Cortesano" (1528) le incluye en la lista de los "excelentísimos" pintores de sus tiempos, junto con Leonardo, Mantegna, Rafael y Miguel Ángel), la escasez de información segura, una vida muy corta y el carácter elusivo de los temas de algunas de sus contadísimas obras seguras, han proyectado la figura de Giorgione en el mito, hasta el punto de que a muy pocos artistas, entre ellos a él mismo, le viene al pelo la definición de "uno, ninguno, cien mil".
A un artista difícil le corresponde una exposición dificilísima, pero la cita con el quinto centenario de la muerte de Giorgione era inevitable. Por tanto Castelfranco Veneto, el pequeño pueblo de la "marca zoiosa" que entre 1477 y 1478 fue su cuna y que guarda en el Duomo su celebérrimo retablo, ha aceptado el reto y ha organizado una exposición excepcional tanto en el plano estético - por la calidad de los cuadros procedentes de los museos más importantes del mundo, entre ellos dieciocho obras maestras del pintor véneto (sólo para cuatro de ellas existen dudas sobre su autoría) - como en el histórico y crítico, dibujando con mayor certidumbre su figura inasible a través de una atenta reinterpretación de algunos documentos de archivo.
Entre cuadros, dibujos, estampas, esculturas y documentos unas 130 piezas desfilan en el palacete Casa Marta-Pellizzari (siglo XV), que ahora se llama Casa Giorgione y que hospeda el "Friso de las artes". Después de una presentación, cuyo objetivo es dar consistencia a su figura a través de documentos que atestiguan los encargos públicos y privados, las cartas de Isabella d'Este, las huellas del primer coleccionismo, los grabados de las obras perdidas y las etapas de la historiografía antigua con los celebérrimos textos de Castiglione, Vasari y Ridolfi, el plato fuerte de la exposición es la sección dedicada a las obras autógrafas, que ponen de manifiesto las raíces juveniles y documentan los filones principales de su versatilidad. En la sala que alberga los 30 metros del "Friso de las artes liberales", realizado entre 1499-1500 y que representa una suerte de bodegón metafísico compuesto por todo tipo de objetos que remiten a temas humanísticos y astrológicos, desfilan las primeras obras de Giorgione - el "Saturno en exilio" (1496-1498) de la National Gallery de Londres (el denominado "Homenaje a un poeta"), las dos tablas de los Uffizi con "La prueba de Moisés" y "El juicio de Salomón", la "Virgen con el Niño", (1498-1500), procedente del Ermitage de San Petroburgo y las dos tablas de los Museos Cívicos de Padua ("Idilio campestre, y "Leda y el cisne") - los retratos y las medias figuras - con el fundamental (también como documento que atestigua la influencia de Leonardo) las "Tres edades del hombre" de Palacio Pitti, el "Arquero" de la National Gallery de Edimburgo, el "Doble retrato" de Palacio Venecia y el "Alabardero" de Viena - los paisajes - con la secuencia de la "Tormenta" procedentes de las Galerías de la Academia de Venecia (y de la que se proponen 60 interpretaciones diferentes, literarias, simbólicas y alegóricas), de la "Puesta de sol" de la National Gallery de Londres (del que, después de la reciente restauración por la que se quitó un San Jorge considerado abusivo, se propone la nueva lectura iconográfica de Filoctetes en Lemnos, de Sófocles), de tres dibujos de paisaje puro (procedente del Louvre y de los Uffizi) de cuya autoría existen algunas dudas (suelen ser atribuidos a Giulio Campagnola, pero según algunos expertos son de Giorgione) y de algunos grabados de Durero.
La exposición sigue lanzando, también al público, unos auténticos retos a través de algunas obras maestras de dudosa autoría que desde siempre son causa de discrepancia entre los historiadores del arte, como la "Virgen con el Niño y Santa Catalina y San Juan Bautista" ("Sagrada Contemplación") de las Galerías de la Academia (¿Giorgione o Sebastiano del Piombo?); el "Cristo portando la cruz" de San Roque (para esta obra se duda entre Giorgione y Tiziano); y los cuadros de los Cantores: los de la romana Galería Borghese y los de la Colección Mattioli de Milán que podrían pertenecer a su última producción o bien ser obras de sus epígonos. Recomponiendo ambientes y amistades del pintor de Castelfranco, la exposición acoge a su "colegas y discípulos", con obras maestras de Giovanni Bellini y del belliniano Vincenzo Catena que seguramente fue maestro de Giorgione; obras de Durero y Giulio Campagnola, Lorenzo Costa y Perugino, Cima da Conegliano, Garofalo, Previtali y Boccaccino, hasta Tiziano y Sebastiano del Piombo, casi de la misma edad que Giorgione, pero también discípulos suyos que habrían de transmitir sus enseñanzas. Una enseñanza nacida de la genial fusión del humanismo artístico de Venecia (representado por Giovanni Bellini y por Cima da Conegliano), con sugestiones procedentes de artistas extranjeros (Leonardo, Durero y los flamencos), y traducida en esa admirable "unión que se disuelve en los colores" y que constituyó la novedad de la época que Giorgione aportó al arte véneto. Pionero de una pintura de "paisaje y figura" realizada sin ningún fin específico y no en función de una edificación fideista o de una celebración áulica que se manifiesta en la sensible modulación de los tonos luminosos del color - el denominado tonalismo véneto - Giorgione es el primer pintor laico en la historia del arte italiano, el artífice de una pintura para la pintura.
Cierran la exposición dos etapas. La primera, en Casa Giorgione, es casi una Wunderkammer que presenta libros ilustrados (Ovidio, Petrarca, Boccaccio, Pietro de Crescenzi, el Hypnerotomachia Poliphili) y pequeñas esculturas y objetos de arte que reconstruyen idealmente el Taller humanístico y el universo mental y cultural del pintor. Pero la auténtica etapa conclusiva del recorrido giorgionesco se encuentra fuera de la sede de la exposición, a pocos metros de ésta, en el Duomo, donde se conserva el celebérrimo Retablo que representa a la "Virgen con el Niño entre los Santos Nicosia (o Liberal) y Francisco" y que encargó Tuzio Costanzo en memoria de la trágica muerte de su hijo Matteo, una auténtica línea divisoria entre el siglo XV y XVI véneto.