Arte
Guttuso. Passione e realtà
(Guttuso. Pasión y realidad)
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Información
Parma - Mamiano di Traversetolo, Fundación Magnani Rocca
desde el 11 de septiembre al 8 de diciembre de 2010
Horarios: martes – viernes horario 10.00 - 18.00
sábado, domingo y feriados 10.00 - 19.00
Lunes cerrado
Abierto también el 1 de noviembre y el 8 de diciembre
Entradas: euros 8,00 (colecciones permanentes incluidas); descontadas Euros 4,00
Informaciones: teléfono 0521 848327 / 848148
Se dice Guttuso y salen las banderas. Las banderas, rigurosamente rojas, que identifican su pasión política y que se destacan en algunas de sus obras más célebres como los "Funerales de Togliatti", o que flamean en cuadros de declarado compromiso social como "La Ocupación de las tierras no cultivadas de Sicilia”.  Es decir sus fantasmas, como los libros rojos de la pintura que retrae a Goffredo Parise que visita la fábrica china que los producía, o como las camisas rojas de “La batalla en el Ponte dell’Ammiraglio”. En la memoria colectiva es ésta la imagen de Renato Guttuso (1911 - 1987), pintor nacional-popular que sobre el lienzo ha transferido su compromiso político, contando historias de jornaleros y obreros. Sin embargo, es otra la bandera que identifica al pintor de Bagheria, la de la pintura realista, bajo la cual ha militado durante toda la vida, incluso cuando los colegas escogían el camino de la abstracción, e incluso cuando la utopía política ya había desaparecido. Gran protagonista de la vida política y cultural de Italia en el siglo XX, aún antes que artista militante, Guttuso ha sido el maestro de una pintura llena de existencia que “corre sobre el paso mismo de los humores y de los sentimientos de todos los días, se formula en la experiencia diaria de emociones en la relación con las cosas, incluso más próximas, con los hechos, individuales y sociales, con las ideas propias y ajenas. El cuadro nace de la experiencia de la existencia misma...", como escribió Enrico Crispolti, autor del Catálogo General de la obra del artista. Comunista ya en la década de los ‘40 (de hecho, su cursus honorum también incluye el cargo de senador de la República Italiana), cuando en el PCI era de casa el zdanovismo que teorizaba el realismo socialista como única forma de arte permitida, Guttuso concebía la pintura como discurso y juicio sobre la realidad, fácilmente accesible a todo el mundo y, por eso, figurativa: instrumento de denuncia y, por lo tanto, “útil” para cambiar el mundo. Sin embargo, esta vocación de testigo de su tiempo, de sus conflictos y de sus pasiones, en el arte del pintor siciliano siempre pasa a través del filtro de un dramático solipsismo que incide sobre el lienzo la experiencia personal – la luz de Sicilia y las luces de París, el eros y la política, los carritos sicilianos y Picasso, los "compañeros" y los compañeros de camino - transformándola en alta reflexión humana y humanista.
A Renato Guttuso, en las vísperas del centenario de su nacimiento, la Fundación Magnani Rocca en Maniano di Traversetolo dedica una hermosa exposición que anticipa las celebraciones rituales, permitiendo empezar hacer un balance con el arte de un maestro tan popular como controvertido y actualmente, a solamente 25 años de su muerte, prácticamente olvidado.
 Parma ocupa un lugar importante en la historia expositiva y coleccionista de Guttuso. Además de ser amigo de Luigi Magnani Rocca, como demuestran  la intensa correspondencia entre los dos (que se documenta en la exposición) y las cuatro obras de la colección permanente de la Fundación Magnani, el pintor estaba relacionado también con el parmense Mario Bocchi, de cuya colección proceden veinte de las obras expuestas. Y además, el monumental óleo “La playa”, uno de los cuadros más importantes que se exponen, fue destinado por el pintor justamente a la Galería Nacional de Parma, mientras que “La partida del vapor desde Nápoles” pertenece a la colección del Centro de Estudios y Archivo de la Comunicación de la Universidad de Parma. Finalmente, de la Colección Barilla de Arte Moderno proceden muchas de las obras expuestas y el “Macbeth” de Verdi, por el cual el pintor realizó en 1963 los bocetos, expuestos fuera de catálogo, que se representó justamente en Parma, en el Teatro Verdi. La difícil tarea de resumir en una exposición la investigación de un pintor que pintó siete mil cuadros es resuelta por los cuidadores de la manifestación a través de una selección rigurosa que, renunciando a pretensiones de exhaustividad, reúne setenta y una obras, todas significativas y algunas fundamentales para recorrer los momentos principales de la larga parábola artística del pintor. Organizado según un criterio temático, el recorrido de la exposición sigue a Guttuso a través de su mundo, los amigos, los retratos, el realismo social y bélico, el trabajo, la política, la vida colectiva/la soledad, las diversiones, el realismo alegórico, el eros, los interiores, las naturalezas muertas, los paisajes, para documentar el constante pluralismo temático, acentuado por el eclecticismo estilístico, que ha caracterizado el arte del maestro siciliano. Delimitada por dos autorretratos – el impresionante “Autorretrato con jersey” de 1960 y el meditativo “Paseo por el jardín en Velate” de 1983 – la manifestación se desarrolla a lo largo del hilo de la memoria, a través de retratos de amigos y colegas: de Moravia y Picasso, de Morlotti y el retrato muy célebre de Giulio Turcato con el gato Molotov en su regazo, de Manzù y Neruda hasta Rocco Catalano el pescador siciliano, que para el artista fue el factótum de toda una vida. Para documentar el compromiso de Guttuso, desde su antifascismo a la adhesión al Partido Comunista y a las batallas campesinas y a las luchas obreras, la exposición propone obras conocidas como la épica "Acería (Terni)”, el gran “Mitin (Chica que habla a la gente)”, original interpretación del tondo de Caravaggio con la cabeza de Medusa, y pinturas menos conocidas y pobladas por carreteros y lavanderas, leñadores, jornaleros, planchadoras, que constituyen otros tantos capítulos del cuento popular escrito por Guttuso a partir de la década de los Treinta.
La vocación de testigo de su tiempo se expresa a través de una mirada doble: una antropológica que se detiene en los climas y en los rituales de la sociedad de masa, documentada por el amontonamiento de cuerpos del monumental "La playa", y otra introspectiva y alegórica, un viaje en la memoria marcado por su autorretrato en el “Taller”, una especie de "las tres edades Guttuso”, o por el “Café Greco” procedente del Museo Thyssen de Madrid, poblado por una diversa compañía de turistas japoneses, De Chirico y Savinio, Anna Magnani y Buffalo Bill, Gide y Apollinaire, o también “Spes contra spem”, cuento por imágenes de la vida del pintor.  Una realidad transfigurada y llena de la pasiones de Guttuso regresa en el fragmento de un carrito siciliano donde se representa el muy célebre "Funerales de Togliatti", y en las figuras del maestro y amigo Picasso y de Van Gogh, protagonistas de algunas pinturas.
Cierran la exposición las naturalezas muertas y los paisajes vehementes, llenos de una angustia existencial, de una idea de fin resuelta sorprendentemente en la luminosidad del color: los amarillos llamativos de los limones, el rojo-sangre de los tisús, el verde esmeralda de los pimientos y de las verduras, los azules-cobalto y los negros-tenebrosos que graban los paisajes del corazón, entre el Etna y Roma.