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De Eugenio MontaleMondadoripp.XLVI-37825,00 euros
En Florencia, un día del verano de 1933, llama a las puertas del Gabinete Vieusseux una joven estadounidense: desea conocer al poeta que ha escrito "Ossi di seppia" (1925), en aquella época bibliotecario, además de director de la gloriosa institución de la ciudad. Así nace un amor fuerte e intenso destinado a durar al menos un lustro, como atestiguan las más de 150 cartas que Montale escribe a la mujer que llama con el "senhal" Clizia, ahora reunidas en un volumen ("Lettere a Clizia", Mondadori, pp.XLVI-378, 25,00 euros) dirigido por Gloria Manghetti, Franco Zabagli y Rosanna Bettarini; ésta última, autora del magnífico prólogo. La intrépida admiradora, cuyo verdadero nombre será una incógnita hasta los años Ochenta, era Miss Irma Brandeis, hebrea americana descendiente de austriacos que se establecieron a mitad del 800 en los Estados Unidos, segundogénita de una importante familia de intelectuales residente en Nueva York, docente de lengua y literatura italiana en el Sarah Lawrence College y frecuentadora de la Columbia University, estudiosa de Dante y del Medioevo latino, pero también del Futurismo.La pasión que unía a los dos intelectuales fue principalmente epistolar, ya que en la realidad fueron muy pocas las ocasiones en las que se encontraron, tan sólo durante dos viajes de verano de Irma a Italia, en 1933 y 1934, y un tercero en 1938, que significará el adiós de los amantes: demasiado diferente, probablemente, su concepción del sentimiento (Irma creía en el amor eterno, en una relación tradicional, que si es posible debe ser coronada con el matrimonio; el poeta, más pragmático, sabía perfectamente lo difícil que es alcanzar ciertas aspiraciones, la determinación que exigen), demasiado diferentes sus caracteres, incluso sus sueños. Montale, unido desde hacía tiempo a Drusilla Tanzi (con quien convivía y con quien se casó poco antes de su muerte en 1963), usó con frecuencia esta unión como excusa para retrasar continuamente cualquier decisión para consolidar su futuro con Irma. Pero, mas allá de estos caducos aspectos de la historia, no podemos negar la sinceridad del impulso apasionado del poeta, que impregna la lírica de las "Occasioni" (1939, dedicada a I.B.) y emana de cada línea de estas cartas. Éstas últimas encierran gran valor para nosotros, en especial por el retrato que ofrecen de nuestra vida cultural de los años de la anteguerra, entre lugares arquetípicos y esbozos de personas, anécdotas particulares y punzantes chismorreos: todo ello, destinado a confluir en las prosas inestimables de la "Farfalla di Dinard" (1956). Por lo tanto, no fue "desastrosamente estúpido" aquel lejano episodio de 1933: lo que es cierto, es que para Montale fue una preciosa fuente de inspiración y estímulo; para nosotros la ocasión de conocer aspectos recónditos de su vida privada.Francesco Troiano